En FoodTech, que algo “funcione” en el laboratorio no garantiza nada. Lo que decide si una tecnología llega al mercado es el sistema completo que la rodea: regulación, costes, cadena de suministro, percepción social, narrativa y, por supuesto, propiedad intelectual. Por eso CTS y patentes no son temas teóricos: son la realidad práctica de cualquier proyecto que quiera escalar.
Sistemas CTS: por qué la tecnología nunca va sola
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La innovación no es lineal: no es “descubrimiento → prototipo → producto”. Es un proceso con fricción constante entre financiación, normas, capacidad industrial, expectativas del mercado y timing.
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Percepción del riesgo: en alimentación la confianza pesa muchísimo. Puedes tener un proceso seguro y estable, pero si el producto se percibe como “artificial”, “ultraprocesado” o poco transparente, la adopción se complica. Y si tú no defines la narrativa, otros la definirán por ti.
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La tecnología distribuye poder: decisiones aparentemente técnicas (ingredientes críticos, equipos necesarios, estándares de proceso) crean dependencias y favorecen a ciertos actores. La tecnología no es neutral en sus efectos.
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Regulación y etiquetado condicionan el diseño: lo que puedes llamar, declarar o justificar en etiqueta (categoría, claims, denominaciones) influye desde el minuto cero en qué soluciones tienen sentido y cuáles no.
Aplicado a reestructuración de pescado: puedes lograr una textura y estabilidad excelentes, pero si el sistema (coste, escalado, percepción del consumidor, encaje regulatorio) no acompaña, el proyecto se queda en prototipo.
Patentes: protección vs velocidad (y el secreto como alternativa)
Del bloque de patentes, lo más interesante para mí es la parte estratégica: cuándo tiene sentido patentar y cuándo no.
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Patentar es publicar: obtienes exclusividad temporal, pero a cambio revelas información. En FoodTech esto puede facilitar que un competidor haga “design-around” (rodearte con cambios pequeños).
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Patente no significa libertad de operar: puedes patentar algo y aun así estar limitado por patentes de terceros (ingredientes, enzimas, procesos, maquinaria). Tener patente no equivale a poder comercializar sin riesgos.
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Qué suele merecer patente en FoodTech: maquinaria/ingeniería y procesos con barrera técnica real, especialmente si la infracción es detectables (es decir, se puede demostrar fácilmente que te han copiado).
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Cuándo conviene secreto industrial: cuando el valor está en parámetros finos y know-how de planta (ventanas de temperatura/tiempo, orden de adición, reposos, cizalla, configuración del set-up). En esos casos, patentar puede ser regalar el “cómo”.
Silvia, considero que has desarrollado un análisis del tema sobre la tecnología alimentaria muy detallado y conciso. He tomado conciencia de la complejidad que presenta este campo respecto a las patentes. Son innumerables los aspectos que hay que considerar para tomar la decisión acertada de patentar un producto o no hacerlo…
ResponderEliminarMe ha parecido tan interesante tu propuesta, que seguiré indagando sobre esta cuestión.
Interesante! promete ser divertida la sesión de cierre
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