De vacas a proteínas vegetales: un cambio de paradigma en alimentación
¿Qué pasa cuando lo que siempre dimos por hecho empieza a fallar?
En ciencia, como decía Thomas Kuhn, los grandes avances no ocurren dentro de las reglas, sino cuando cambiamos las reglas del juego. En su teoría de las revoluciones científicas, Kuhn hablaba de “paradigmas”: esos marcos compartidos por la comunidad científica que definen qué preguntas se hacen, cómo se investigan y qué resultados se aceptan como válidos.
En alimentación, uno de los paradigmas más estables ha sido este:
“La proteína de origen animal es la mejor fuente de nutrientes para el ser humano.”
Durante décadas, este principio ha guiado la investigación, las recomendaciones nutricionales y las políticas agrícolas. Carne, pescado, huevos y lácteos eran sinónimo de salud, desarrollo muscular y dieta equilibrada. Casi nadie se lo cuestionaba.
Anomalías que se acumulan
Como explicaba Kuhn, mientras el paradigma funciona, la ciencia sigue su curso normal. Pero con el tiempo, aparecen anomalías: datos que no encajan, problemas que no se pueden resolver dentro del marco anterior.
En este caso, esas anomalías son cada vez más evidentes:
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Estudios que relacionan el exceso de carne roja con enfermedades crónicas.
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Impactos medioambientales de la ganadería industrial: emisiones, agua, deforestación.
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Cuestionamientos éticos sobre el bienestar animal.
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Evidencias crecientes sobre la calidad nutricional de proteínas vegetales, fermentadas o combinadas.
¿Estamos ante una revolución?
Hoy, nos encontramos en una fase que Kuhn llamaría de crisis. Los límites del viejo paradigma son evidentes, y empiezan a emerger nuevas propuestas:
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Proteína vegetal completa (soja, guisante, arroz, lenteja).
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Fermentación de precisión (levaduras que producen albúmina o caseína sin animales).
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Carnes cultivadas.
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Alimentos híbridos: mezclas inteligentes de matrices vegetales y grasas moduladas.
Un nuevo marco para una nueva alimentación
Pensar “fuera de la caja”, en este caso, es pensar más allá de la vaca. Y quizá ese sea el primer paso hacia una revolución alimentaria que, como diría Kuhn, no solo explica lo que ya sabíamos, sino que también da sentido a lo que antes no encajaba.
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